sábado, 24 de junio de 2017

“Ana mi amor” y “El buen cartero”, ganadoras del Festival al Este de Lima 2017

Lima, 19 de junio de 2017.- El largometraje “Ana mi amor” (Rumania, 2017), del director Calin Peter Netzel, ganó los premios del Jurado Oficial y del Jurado de Prensa  de la Competencia de Largometrajes de Ficción de la Octava Edición del festival de Cine Al Este de Lima.

Ambos jurados destacaron que la cinta del director rumano retrata “con gran sensibilidad la conducta humana al interior de una relación de pareja, mediante un tratamiento del tiempo a manera de un juego de espejos”. El jurado oficial estuvo integrado por Zrinko Ogresta,  Isaac León Frías,  José Romero y  Katerina D’Onofrio, mientras que el jurado de prensa contó con los votos de por Fátima Saldonid,  Katherine Subirana, Raúl Ortiz, Mario Castro  y Ernesto Zelaya.

Cabe destacar que, entre otros reconocimientos, esta película fue seleccionada para competir por el Oso de Oro de la competencia principal en el 67° Festival Internacional de Cine de Berlín.

Documental, cortometraje nacional y premio del público

El documental “El buen cartero” (Bulgaria, 2016) del  director Tonislav Hriston obtuvo el premio del Jurado oficial de la Competencia  Documental, integrado por Núria Frigola,  Mauricio Godoy y Álvaro Sarmiento. El jurado concedió el premio a esta película por “la relevancia del tema de la crisis de los migrantes, por reflejar cómo Europa la la espalda a la situación y por la depurada propuesta visual”.

De otro lado, el Jurado Oficial  de Competencia de Cortometraje Nacional (integrado por Patricia Pereyra, Francesca Canepa y  Mayella Lloclla) concedió el premio a mejor Cortometraje Nacional a “La Hoyada” del  peruano director Roberto Flores. Entre los méritos destacados de esta realización se señala que “muestra la distancia entre el Estado y las poblaciones que han sufrido por el terrorismo y el abuso de la autoridad; es un registro que lucha por el reconocimiento a la memoria”.


Finalmente, el Premio de la Audiencia recayó en “Huellas” (Polonia / República Checa, 2017), de Agnieszka Holland (directora de la serie televisiva “House of Cards”), largometraje que narra la historia de una mujer que vive en las montañas y que es testigo de una serie de violentos asesinatos, de los cuales ella será culpada sin poder probar su inocencia. “Huellas” obtuvo el Oso de Plata en la última edición del Festival de Cine de Berlín. 

Tengo miedo, torero

Tengo Miedo ToreroTengo Miedo Torero by Pedro Lemebel
My rating: 5 of 5 stars

Tal vez la historia no sea muy original porque, no muy en el fondo, no es otra cosa que una historia de amor ("chica" sin mayor compromiso social se enamora de un revolucionario y lo ayuda indirectamente -y haciéndose la que no sabe- en la realización de un atentado). Además se trata de una historia de amor con rasgos telenoveleros y melodramáticos al mango. Pero hay varios elementos que juegan a favor de esta novela breve de Pedro Lemebel.

El primerísimo es la prosa retorcidamente poética, que llega a momentos épicos sin que esto implique huachafería. O más bien, en tanto se trata de una novela que coquetea constantemente con lo huachafo, las inflamadas licencias poéticas pasan como elementos perfectamente contextualizados.

El segundo es que la vida de la Loca del Frente y el personaje mismo están tan impecablemente descritos que los elementos estrafalarios (según la pluma de Lemebel, propios de la vida del homosexual latinoamericano) están envueltos en un ropaje real maravilloso que los termina de anclar en América Latina. Podrían traducirlo a mil idiomas y el aroma de nuestra región se colaría entre líneas, algo sumamente difícil de conseguir puesto que la "identidad latinoamericana" es algo en constante construcción y altamente variable. El personaje principal es entrañable en tanto que su humanidad tiene pinceladas de irrealidad exótica, y lo mismo sucede con Carlos, el muchacho revolucionario que le hace perder la cabeza a la Loca, y de quien tenemos el retrato a partir de la mirada de la protagonista. Hasta de los mismos Pinochet y su esposa, personajes que podrían completa y justificadamente haber sido retratados como bichos deleznables, uno termina descubriendo esa milésima de humanidad con la que uno puede identificarse.

En tercer lugar, la Loca tampoco es un personaje infalible y mucho menos inmaculado, aunque sus actos cuestionables están pasado por el tamiz de la belleza retórica. Tal vez Carlos se nos presente idealizado por el narrador, pero esto se justifica debido a que el narrador nos lo muestra a través de la voz de una persona que lo ama casi con locura. De hecho, la única vez que Carlos tiene voz propia es en la última página del libro, y la respuesta de la Loca solo sirve para regresarlo a la visión onírica que siempre hemos tenido de él.

Finalmente diré que en lo personal, hasta antes de leer este libro, nunca aposté por la existencia de una "literatura gay"; cuando mucho sí libros escritos por homosexuales. Pero lo específico de la narrativa y del tema de esta novela me ha hecho entender que, en efecto, existe una narrativa gay. Que no siempre esté bien lograda o que en la mayoría de los casos lo narrado no empate con la sensibilidad del tema (por ejemplo, nadie podría decir que "Brokeback Mountain" es una película gay, pero sí una película sobre homosexuales; lo mismo sucede con el cuento de Annie Proulx), es un asunto diferente.

Y aunque el final es bien ortodoxo, propio de telenovela mexicana (aunque del siglo XXI), digamos que se justifica dado la naturaleza del libro: melodrama gay con harto kitsch. Honestamente, qué bestia con lo bien que escribe Lemebel, por lo menos en "Tengo miedo, torero". Provoca buscar más libros de este autor chileno -quien es capaz de justificar su tremenda fama con tan solo 200 páginas-.


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jueves, 8 de junio de 2017

Los últimos nueve días de la tierra:individual de REVE

Eva Raquel
Este miércoles 14 DE JUNIO a las 7:30 pm la Galería de Arte Enlace Arte Contemporáneo, Av. Camino Real 1123, inaugurará la exposición individual de pinturas “Los últimos nueve días de la tierra” del artista peruano REVE – Renzo Núñez en su segunda presentación individual en Lima, se contará con la presencia del artista la noche de la inauguración.

REVE Renzo Núñez-Melgar, Lima, 1982: Artista Plástico, Bachiller en Artes Plásticas egresado en 2006 de la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú con la Medalla de Plata en la especialidad de pintura. La presente es su 6ta. Exposición individual y ha participado en numerosas muestras colectivas en el Perú y en el extranjero.


La muestra de pintura de REVE está conformada por un conjunto de 9 obras trabajadas al óleo sobre tela de mediano y gran formato.

“Personajes de distintas épocas conviven en mi obra, ya que somos la suma de todos los acontecimientos que han ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, … una sociedad egoísta y caótica … Tal vez la solidaridad llegue al ser humano cuando absolutamente todos estemos en desgracia, ciegos todos como en el libro “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago, necesitamos el uno del otro para salir adelante y de esta manera dejar de lado todas nuestras diferencias.”

“REVE ofrece hoy una muestra más conceptual (su versión) de: ¿cómo (con)vivir ante el ocaso de la Tierra?; que el simple hecho de retratar o imaginar el Armagedón terrenal como un hecho doloroso, sangriento o sufriente. Siguiendo esta propuesta visual, los cuadros que se presentan aquí: instalan una asombrosa y extraña convivencia visual (inverosímil para algunos) con una serie de personajes históricos y de la cultura pop que si bien pertenecen a diferentes épocas y movimientos, todos están compartiendo, en los últimos días de la Tierra, un mismo plano simbólico o una misma realidad imaginada por el pintor (su hacedor). 

Leopoldo Constantino.


En efecto REVE busca llamar –con este extraño collage de figuras diacrónicas (sean reales o fantásticas)- la atención del espectador frente a situaciones que, los aquí presentes, consideramos como naturales o terrenales sin capacidades de sorprendernos (como por ejemplo: la caza, el rapto, el baile, la bebida, el desorden, el dictado de clases, etc.) pero que, a partir del pincel del artista, resultan ahora éstas exageradas o hasta incluso imposibles. (…)“Los últimos 9 días de la Tierra” interpela lo cotidiano de nuestra visualidad con nuevas ficciones –creaciones- de la Tierra (de sus ocupantes y situaciones que nacen precisamente de la mente del artista. Para llegar a ello, su creador busca hoy familiarizar nuestros ojos con sus (sub)versiones de los hechos en la Tierra, para cuestionar lo que habitualmente consideramos como natural y real (lo monolítico). Por lo tanto la muestra ataca la normalidad, predictibilidad e historicidad de lo cotidiano (de sus hechos y rutina de sus personajes)” Manuel Antonio Lizárraga Ibáñez, Lima, Mayo de 2017

“¿Cómo sabes si la Tierra no es más que el Infierno de otro planeta?”, partiendo de la frase del filósofo y escritor inglés Aldous Huxley, es que el mismo artista plantea las preguntas.


La muestra “Los últimos 9 días de la tierra” de REVE podrá ser visitada en La Galería ENLACE ARTE CONTEMPORÁNEO hasta el día 27 de Julio en el horario de lunes a sábados de 11.00 am a 8:00 pm, la entrada es libre y gratuita.

Para contactos de prensa comunicarse al tel. 222 5714 o a info@enlaceart.com

Mentes errantes, individual de Michele del Campo

"El beso"
El próximo miércoles 14 DE JUNIO a las 7:30 pm, la Galería de Arte Enlace Arte Contemporáneo, Av. Camino Real 1123, inaugurará la exposición individual de pinturas “MENTES ERRANTES” del artista italiano Michele del Campo en su segunda presentación individual en Lima, se contará con la presencia del artista la noche de la inauguración.

La muestra que Michele del Campo presenta en Lima está conformada por un conjunto de 16 obras trabajadas al óleo sobre tela de mediano y grandes formatos.

Michele Del Campo nació en San Nicandro Garganico, una pequeña ciudad en el sur de Italia rural. A los 18 años se traslada a Milán, Italia, donde inicia sus estudios de Bellas Artes, luego estudia en Falmouth en Reino Unido, Dundee, Reino Unido y Madrid, España. En 2008 se trasladó a Londres y en 2016 a Glasgow, Reino Unido, donde ahora vive y trabaja. Es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, 2007 y Licenciado en Ilustración y Grabado por la Universidad de Dundee, Reino Unido, 2001. Del Campo ha realizado exposiciones con esta 14 exposiciones individuales en Italia, España, Reino Unido, Suiza y Perú, así como exposiciones colectivas en Europa, Estados Unidos y Asia, y ha ganado numerosos premios artísticos, entre los que se incluyen el Premio BMW 2006 de 35.000 euros otorgado por la Reina Sofía de España.

En su serie de obras en curso, “Mentes errantes”, expresa de una forma determinante, el aislamiento, la soledad y el sentimiento de pérdida del individuo.

“Las imágenes de Michele Del Campo nos acercan con un zoom a primeros planos de mujeres jóvenes, algunas veces ellas se encuentran solas, otras con amigos o amantes. Ellas representan una búsqueda de expresión, a través de momentos complejos en una vida.  (…)

The records.

Muchos de los trabajos de Mentes errantes son a gran escala. Expresan un estado de ánimo más positivo; no sereno, sino más bien reflexivo. Se trata acerca de relaciones humanas contradictorias, los nudos de guerra emocionales que surgen entre amantes y amigos. (…) Del Campo trabaja rápidamente para construir una imagen, con gran emoción por los contrastes de colores (…) “Puedo crear una imagen tal como quiero: recortando, moviendo, eligiendo el tamaño y la proporción.”, indica. Pero, ¿cuál es la historia? Los obstáculos, por lo general imposibles, que enfrentan las personas que no pueden reunirse con sus seres queridos, debido a las restricciones migratorias. (…) Es, en definitiva, un cronista de nuestra modernidad alienada y global, que excava en las profundidades de nuestra conciencia. Ha logrado dejar atrás la penumbra de los túneles oscuros y los montañosos vertederos de residuos. Las tensiones pueden resolverse. Podemos avanzar. La vida puede ser celebrada.” Corinna Lotz, Londres, Junio 2017.

La muestra “Mentes Errantes” de Michele del Campo podrá ser visitada en La Galería ENLACE ARTE CONTEMPORÁNEO hasta el día 27 de Julio en el horario de lunes a sábados de 11.00 am a 8:00 pm, la entrada es libre y gratuita.

Para contactos de prensa comunicarse al telf. 222 5714 o a info@enlaceart.com

¡Empezó el Festival de Cine Al Este de Lima!

La Octava Edición del Festival de Cine Al Este de Lima empezó el miércoles 7 de junio con la proyección de la película “Las inocentes” (Francia, 2016), escrita y dirigida por Anne Fontaine.  La actividad se realizó en el Museo de Arte de Lima – MALI y contó con la presencia de la directora de la película junto con el director del Festival Al Este de Lima, David Duponchel, y realizadores como Ellen Heller (EEUU), Peter Tscherkassky (Austria), Miroslav Mogorovic (Serbia), Istán Borbás (Hungría), David Vashdze (Georgia) y Nikolaj Nikitin (Rusia).

También estuvieron presentes Isabella Falco (directora de Comunicaciones e Imagen País de PromPerú), Pierre Emile Vandoorne (director de la Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios – DAFO del MINCUL), Alberto Mejía (director de la carrera de Comunicación Audiovisual y Medios Interactivos de la UPC), y Jean Pierre Longeat (religioso benedictino francés encargado de la musicalización de “Las inocentes”).

“Las inocentes” se basa en una historia real y muestra lo sucedido en un convento católico polaco casi al finalizar la Segunda Guerra Mundial: un grupo de soldados soviéticos abusó sexualmente de las monjas y muchas de ellas quedaron embarazadas. Ellas piden ayuda a una doctora francesa que trabaja para la Cruz Roja, solicitándole además que mantenga el caso en secreto, pues temen el castigo por parte de las autoridades eclesiásticas y la humillación pública.

La Octava Edición del Festival de Cine Al Este de Lima continuará hasta el 17 de junio con la proyección de largometrajes, cortometrajes y documentales en competencia provenientes de Europa central y del Este. También serán presentadas producciones peruanas, así como de otros países en las diversas secciones del festival. Todo esto se viene desarrollando junto con clases maestras, ciclos de conferencias y otras actividades.

De izquierda a derecha: Nikolaj Nikitin (Rusia), Miroslav Mogorovic (Serbia), David Duponchel, Anne Fontaine (Francia), Ellen Heller (EEUU), David Vashdze (Georgia) e Istán Borbás (Hungría), durante la rueda de prensa del Festival. 

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domingo, 21 de mayo de 2017

Mi propia guerra íntima

My Own Private War (2016)
Países Bajos, 57'.
Lidija Zelovic

No hay región en Europa más convulsionada durante las últimas décadas que los Balcanes. En especial los territorios de la que fuera Yugoslavia, actual escenario de la multitud de países en que fue desmembrada, los mismos que a su vez genera(ro)n al interior de cada nación nuevos partidos políticos, alianzas e identidades. Todo ello es un depósito de pólvora encendido una y otra vez por las chispas generadas a causa de tensiones étnico-religiosas.

Y nada de esto nos es ajeno como peruanos, dígase de paso.

Mas lo que sí nos es ajeno es la forma en que el arte de toda Europa del Este ha plasmado en libros, películas, música y artes plásticas esa realidad convulsa. No tienen que abordar directamente una guerra en sus obras para comunicarnos esa “poética del conflicto bélico” que las atraviesa como una aorta mayor y que, cuando lo hace, convierte la ficción y el documental en arte personal, con características identitarias individuales y colectivas. Uno es capaz de reconocer un fotograma procedente de algún lugar de la ex-Yugoslavia casi al instante, y diferenciarlo de un proveniente de la cinematografía d Rumania o de Georgia, por ejemplo.

Gracias al Festival Al Este de Lima, que ya se va por la octava edición, pudimos ver en preestreno “My Own Private War” (Países Bajos, 2016), de Lidija Zelovic, ganadora del Premio Memoria del Mediterráneo en Trieste 2016. Este documental de apenas una hora de duración cuenta la historia personal de la directora, quien regresa a Sarajevo como periodista, ciudad en la que nació y de la cual partió en 1993 por causa de las guerras yugoslavas (que han sido varias y son complejas de explicar, si acaso alguna guerra tiene explicación). El documental fue proyectado en el Centro Culturalde España el sábado 20 de mayo a las 6pm, como parte del ciclo Europa Móvil que a su vez es parte del Prefestival de Cine, y contó como panelistas con la presencia de Violeta Barrientos, poeta y Doctora en Ciencias Sociales, y de Rodrigo Portales, crítico de cine.



El narrador como sujeto enunciador

Luego de ver la película, diría que surgen tres preguntas fundamentales:

·         ¿Quién (o qué) es la narradora y cómo está parada ante su tema?
·         ¿Cómo ella se representa la guerra y cómo nos la presenta a nosotros?
·         ¿Desde dónde lo hace y hacia dónde lleva su tema?

Claro que hay muchos más, pero en aras de la brevedad, abordemos el asunto desde esas tres entradas.

Nos queda claro que Lidija Zelovic interpreta Lidija Zelovic: hace no un documental sobre la guerra en Sarajevo sino sobre ella misma haciendo un documental sobre la guerra de Sarajevo. Este interesante dislocamiento de la instancia enunciadora tiene una función específica: ella es madre –y nos muestra a su hijo interactuando con ella-, es hija – nos muestra a sus dos padres en sendas secuencias de interacción familiar-; pero también es prima de un sujeto que pasó de ser un pan de dios para convertirse en francotirador, y amiga de un hombre que se niega de muy malas maneras a contar su versión. Tiene ascendencia serbia –etnia que el mundo señala como responsable de los actos más sanguinarios- pero se considera yugoslava. Su familia, por lo menos su padre, ha optado por estar del bando de los serbios –es decir, se identifica con una comunidad- y le recrimina que ella no abrace una identidad étnica sino que opte por ponerse del bando de las víctimas.

De esta manera, la directora se posiciona en el justo medio de todos los fuegos, con todos los cañones apuntando sobre ella.

Pero (su) Yugoslavia no solo ya no existe físicamente sino que es un recuerdo que pocos quieren evocar; así, cada vez que ella enarbola esa bandera identitaria es agredida (en una calle por un conductor que casi la atropella, por un amigo que la deja hablando sola, por los soldados que la agreden sexualmente).

Lidija Zelovic es, además y muy por encima de todo, una mujer reportera. Como tal, además de todo lo antes dicho, vive un infierno una vez que cae en manos de quienes consideraba compatriotas. Y no tiene reparo en decírselo al mundo, porque es justamente con las mujeres que las guerras se ensañan siempre. Al respecto, como señala Violeta Barrientos, opta por una narrativa femenina y hace un relato no desde los hechos sino desde las emociones. Destaco la escena en que, luego de contar la agresión de la que fue víctima, la vemos conversando con su madre en el jardín de su casa; la mamá le pinta el cabello mientras Lidija trata de decir algo con la voz partida y lágrimas en los ojos. Pero también la vemos, antes y después, en imágenes de archivo patinando durante su infancia en Sarajevo, jugando con sus amigos, vestida para ir a las discotecas y, en fin, llevando una vida normal interrumpida por las guerras. Son momentos en que lo real, desde la acepción lacaniana, se hace presente y presumo que no solo en la pantalla sino también en los espectadores, a quienes afecta tal vez no cada secuencia por separado sino la sumatoria de todas ellas.


La guerra como objeto enunciado

La historia de la disolución de Yugoslavia es compleja en extremo y no da para explicarla aquí; solo señalaré que el proceso de su desaparición implicó guerras exacerbadas por cuestiones étnicas vinculadas a las religiosas. En una lectura que lleva a las comunidades imaginadas de Anderson al paroxismo, serbios, croatas y bosnios construyeron identidades y hasta repúblicas en territorios diversos; de tal forma, tuvimos desde una República Serbia de Bosnia y Herzegovina (muy aparte de la República de Serbia) hasta una Comunidad Croata de Herzeg-Bosnia y sus equivalentes en territorios croatas y serbios. Como algunas de sus más tristemente célebres consecuencias tenemos el Genocidio de Srebrenica y el Sitio de Sarajevo, por nombrar unas pocas atrocidades perpetradas en aquellos territorios contra objetivos civiles.

Zelovic abre su documental exponiendo sus dudas. ¿Cómo ha de abordar una guerra, esta guerra que la toca tan personalmente? Más o menos se hace las mismas preguntas que Silvio Rodríguez canta en “Playa Girón”. Opta por un inicio lúdico, con el “Waterloo” de ABBA como tema de apertura. Sabemos que esta canción, ganadora del Eurovisión en 1974, fue duramente criticada por comparar una catástrofe bélica con un “faling in love”. ¿Acaso esa es la representación que debe hacerse de una guerra, distante, frívola y enajenada desde cualquier perspectiva?

La directora y protagonista también duda sobre qué tratar en su documental: ¿Es la historia de una pérdida? ¿Es la historia de una guerra? ¿Es la historia de tres generaciones de una misma familia y su relación con una identidad que ya no existe? Como sea, su visión de las guerras de Yugoslavia tiene, lo reconoce, una distancia que poco le sirve para representársela y representárnosla. Ella ha pasado gran parte de su vida en los Países Bajos y regresa a su ciudad natal como periodista de guerra de la BBC, es decir casi como observadora.

Justo por eso apela a las personas. No le sirve contar una historia que siempre será la historia de los ganadores. Hablará de, desde y con los seres humanos: los desplazados, los ganadores, los perdedores, las víctimas y los verdugos; si pudiese, hablaría con los muertos. Y eso es lo que se nos muestra: una sucesión de personas antes que personajes, hablando de sus experiencias pero siendo desnudados por la cámara (por ejemplo su primo Zelkjo, el francotirador, nos dice que jamás le disparó a un civil pero en una secuencia en la cual nunca mira a la cámara y se deshace en tics nerviosos).

Como mencionó Portales en algún momento, Zelovic opta no por ser la documentalista-mosca-en-la-pared sino la documentalista-avispa-que-picotea-a-todo-el-mundo. Le planta cara a todos, incluso a ella misma, para tratar de entender qué significa la guerra para cada persona y en cada colectivo.

Muy lejos no llega en esa empresa, y parece que tampoco fue su intención. Su “propia guerra íntima” es su lugar de enunciación como descendiente de serbios, como mujer, como madre y como hija que no entiende cómo nadie a su alrededor es capaz de mirar más allá de las heridas, desde la plataforma sanadora de la gran patria. No entiende que ya no tiene país, no se siente cómoda con esa ausencia de identidad pero, antes de llorarla, la problematiza. Acaso toda esta gente que se autoproclama bosnia, croata o serbia… ¿no se da cuenta que tales identidades son también un capricho antes que una realidad objetiva, y que no tienen sustento así como nunca lo tuvo Yugoslavia?



El documental como vehículo de expresión

“La guerra está en todos lados”, dice alguien en algún momento de la película, picoteado por la avispa Zelovic. El amigo serbio le dice que no tiene interés alguno en contar su versión de la historia, pues nadie le creerá, y que mejor le haga un documental sobre sus plantas, tras lo cual la deja hablando sola, incómodamente sentada frente a una mesa –un plano que dura varios minutos y que es tenso por su inamovilidad-. Ya dijimos que casi la atropellan cuando se presentó como yugoslava a los espectadores. Los primeros planos de su rostro muestran respuestas viscerales a cada estímulo. Durante la incursión a su antigua casa vemos ahora un departamento en ruinas y con nuevos propietarios. Las conversaciones con su familia sobre los crímenes de guerra de su abuelo no llegan a ningún lado; son crímenes que ella misma se niega en un intento por reescribirse la (su) historia. Vemos también la vitalidad de las personas haciendo (ejercicios, por ejemplo, o bailando en coreografías o, simplemente, huyendo de las balas) contrapuesta a la estaticidad de los muertos (“tal vez en este momento yo esté pisando los restos de mi hijo, pues nunca supe dónde está enterrado”,  nos dice una mujer). Y entendemos al reportero como un nuevo "bando enemigo" desde el punto de vista de los ejércitos y los civiles; el documental es un vehículo incómodo que muestra una realidad que, por terrible, es preferible negarla.

Zelovic opta por trabajar con oposiciones, pero antes que “binarizarlas” las triangula. Por ejemplo, cuando enfrenta vida con muerte opta por mostrar un tercer elemento, casi siempre el plano panorámico del paisaje, árboles y bosque: es decir la tierra (¿el país?) como catalizador de este conflicto puntual. Evita en todo momento caer en dicotomías como la manida /buenos/ versus /malos/: todo tiene un tercer punto de vista –incluso más de tres-. Así, la guerra y la paz encuentran su tercer elemento en la conciencia de Zelovic, que ni está en paz consigo ni deja fluir la guerra, es decir el odio, en ella pues no tiene un bando desde el cual performarlos; simplemente está buscando dónde lanzar el ancla, dónde encontrarse a sí misma pero en territorios neutros de pasiones.

El lenguaje cinematográfico de “My Own Private War” es frenético: pantallas divididas, saltos de tiempo, insertos de VHS, fotografías desenfocadas, cámara en mano completamente sucia, calidad de imagen pobrísima –con toda la intención-… Con todo, se permite licencias poéticas como la caída de las hojas en otoño que abren y cierran la película, la belleza de la nieve y las escenas en que juega con su hijo.

La opción de la directora es convertirse en instancia enunciadora y enunciataria a la vez: porque las guerras no pueden ser cuentos históricos, una sucesión de hechos narrados en tercera persona con pretendida objetividad. Las guerras matan personas, desplazan, violan, destruyen hogares, exterminan comunidades y aniquilan países; y si no es desde las emociones, ¿cómo dar cuenta del horror, del miedo, del rencor y de la confusión?


El cine de Europa del Este responde a una realidad que está casi en el ADN de sus realizadores. Porque todos, sin excepción, fueron víctimas o victimarios. Es obvio que queda ahí una lección que debemos aprender en relación con nuestro  propio conflicto armado, con nuestras propias tensiones étnicas y con las formas en que nos acercamos a ellas para representarlas. Mientras sigamos viendo las contradicciones peruanas desde los puntos de vista Lombardi, Toronja o Calero (y lo que es peor, aplaudiéndolos con complicidad) no conseguiremos ni distinguir nuestras heridas ni, mucho menos, curarlas.

miércoles, 17 de mayo de 2017

La última tarde que pasé contigo

Como tengo vocación de water party, he esperado a que la saquen de cartelera para opinar. Luego de ver “La última tarde” (Perú, 2017), más que por convicción por presión de amigos cercanos, quienes decían que era buenísima, quedé muy poco convencido de que esta película haya sido un quiebre del Toronja State of Mind. Más allá de la forma de narrar, quiero decir, me parece una peligrosa naturalización de la desmemoria y del arte al servicio del “baño en el estatus”, esa idea que Geertz rescata de Goffman, y que nunca pasa de moda (lamentablemente).

En primer lugar, para ser una película basada en diálogos, hay demasiada “incidentalidad” en la puesta en escena. Se me viene a la mente la turca “Sueño de invierno” (Kış Uykusu, 2014), de Nuri Bilge Ceylan, que duraba tres horas y pico y en la que no pasaba  nada más que diálogos, pero estos hacían avanzar la historia como una locomotora desbocada porque todo, absolutamente todo, desde el color de la taza de café hasta el zapato desamarrado del antagonista, estaba al servicio de la historia. Y claro, el guión era a prueba de bombas nucleares.

Hacen lo que pueden con un guion flojísimo.

En segundo lugar, es verdad que se trata de un acercamiento desapasionado a los protagonistas del conflicto armado. Pero tal vez demasiado desapasionado, porque estoy seguro que si cambiaban en la historia el haber pertenecido al MRTA y lo reemplazaban por haber sido vendedores de Fuxion, no afectaba nada de lo que efectivamente muestra la película. Ambos actores son geniales pero no pueden inventarse lo que no saben o no tienen. Lucho Cáceres hace lo que puede con un personaje más plano que su peinado, y Katerina D'Onofrio hace milagros con el texto que le dieron: uno al final se la cree. También es mérito de la dirección de actores, dígase de paso. Pero lo que está flojísimo es el guion.

Un hombre de pueblo se casa con una pituca. Ese leit motiv mueve montañas desde Pinglo hasta Tongo, y no deja de ser una aproximación machista y poco feliz. ¿Y si el pituco hubiese sido él? No, demasiado rompe esquemas, nadie podría tragarse eso. ¿A nadie le jodió la obvia naturalización de los roles de género en la historia? ¿Qué cambiaba si ella no hubiese abortado? ¿Qué cambiaba si ella no hubiese traicionado a nadie? ¿No se dan cuenta que la cinta fluye y convence a la mayoría, porque muestra lo que quieren ver? Amigas feministas y amigos sociólogos, ¡esto es un mansplaining con variantes de violencia epistémica a la cara!

En tercer lugar, no por eso menos importante, me llama la atención que los académicos que conozco y respeto, le revienten tanto cohete a una historia que aborda el conflicto armado de forma tan superficial. Nada, absolutamente nada la hace específica de Perú. Podían estar hablando de la guerra en Siria caminando por las calles de París, o con un par de ajustaditas podrían ser Panteras Negras caminando por Nueva York. O, qué sé yo, ser sobrevivientes del Armagedón. En la línea más consecuente del senderismo duro: es un relato ahistórico y acultural. Y eso, señores y señoras y señorxs, ¡ES PELIGROSO!

Claro, se vende como un producto no comercial y por eso debe haber gustado a la fuerza. Como tiene una empaquetadura  más o menos culturosa, seriona, a diferencia de las películas abiertamente comerciales que se vienen produciendo y estrenando en nuestro país, la gente se tragó el cuento. Es como si a Paulo Coelho lo vistieran con un tuxedo y lo pusieran a hablar de psicomagia en una chocolatada navideña pro niños de x y z albergue. Así de agresiva veo la cosa.

Me resulta mucho más orgánica la estupidez desmemoriada de “Avenida Larco” o de “Asu mare” que la sucesión de poses sin sentido de “La última tarde”. ¡Y eso que el guion ganó no sé cuántos premios!

Y ya, para acabar, en cuarto lugar “La última tarde” no deja de ser una aproximación vertical dizque académica y open mind a nuestro pasado más doloroso. Más light que el disco Chill Out de Bossa & Rolling Stones. Por eso mismo, antes que un aporte a la memoria colectiva resulta una ofensa para las víctimas del conflicto. E, insisto, eso es peligroso.

(Mención aparte: ¿no se les ha ocurrido problematizar el perfil fenotípico de los actores peruanos?)

Julio Andrade tiene razón: hay quienes se la llevan fácil. Sobre todo si saben cuál es la pose que convence a la mayoría.